Se acerca un nuevo 8M y ahora más que nunca, frente a la reacción y a la violencia política de la extrema derecha contra el feminismo, necesitamos que todas las mujeres, con toda nuestra diversidad, digamos claro que no vamos a permitir que nada ni nadie nos limite. Este grito será, sin duda, el mejor homenaje a todas las que han estado este durísimo año al frente de las tareas de cuidados que la pandemia ha exigido. En este 8M, desde Podemos, queremos hacer un reconocimiento a todas ellas.
En los últimos diez años España no había podido contar con un Ministerio de Igualdad. No había ministerio, no había recursos ni institución en la que creer para sacar adelante políticas públicas feministas que transformaran la vida de las mujeres. Contábamos, sin embargo, con las políticas de saqueo de lo público del Partido Popular, con un constante expolio que contribuyó, considerablemente, a que la desigualdad entre hombres y mujeres fuera cada vez mayor. Partimos, por tanto, de una década de constante retroceso de lo común, de aquellos servicios que sostienen la vida. Detrás de «hemos vivido por encima de nuestras posibilidades» se ha escondido una reforma intensa de nuestro sistema que ha institucionalizado que la igualdad real no fuese alcanzable.
No esperaban, eso sí, que el 8 de marzo de 2018 se llevara a cabo la huelga feminista que convirtió la lucha por los derechos de las mujeres en el movimiento más transformador de los últimos tiempos; aquel que fue capaz de colectivizar que los problemas de las mujeres son comunes y que solo si abordamos la necesaria redistribución de la riqueza, de los usos del tiempo y de los cuidados, podremos hablar de igualdad real y efectiva. Han pasado tres años desde aquel día que nos emocionó a todas y que mostró que la sociedad quería dar un paso adelante, luchar contra la corrupción, la desigualdad y el machismo estructural de nuestro país; y hoy, en el contexto de una crisis sanitaria, social y económica como la que vivimos, se ha demostrado que la agenda feminista es más importante que nunca.
Los datos siguen siendo demoledores para las mujeres en términos de empleo: un 53% de las personas en paro son mujeres; el 52,3% de las personas beneficiadas por los ERTE son mujeres; el 98% de las personas ocupadas en el sector de la limpieza o el empleo doméstico son mujeres; solo un 6,9% de los hombres trabaja a tiempo parcial, mientras que el 23,5% de las mujeres están en esta situación laboral; ese año, en 2018, 56.000 mujeres dejaron sus empleos para poder cuidar a sus hijos e hijas, mientras que solo 8.100 hombres tomaron esa decisión.
Los números no son menos escandalosos si hablamos de cuidados: el 90,93% de las excedencias para cuidar a hijos e hijas las han pedido las mujeres; el 81,26% de las excedencias para cuidar a otro familiar, mayor o dependiente también son mujeres; el 87,9% de las personas que salieron del mercado laboral para dedicarse exclusivamente a los cuidados fueron mujeres.
Mientras tanto, el techo de cristal sigue sobre nuestras cabezas. Las mujeres tienen muchas más dificultades para llegar a altos cargos, a puestos de responsabilidad, de dirección de empresa o de partidos políticos. También en el mundo de la academia, del deporte, del cine o de la Universidad las distancias son abismales.
Queda, por tanto, mucho por hacer. Todas las instituciones tienen una deuda con las mujeres y todas deben saldarla. Las empresas deben empezar a aplicar los marcos de igualdad retributiva, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos deben empezar a distribuir recursos para mujeres víctimas de la violencia machista, y debemos empezar cuanto antes la tarea de construir un Estado de bienestar que asuma los cuidados de personas dependientes y de niños y niñas, y no los deje a cargo de las mujeres a costa de su tiempo, sus tareas y su desarrollo personal y profesional. |