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La agricultura es un sector estratégico en nuestro país. El conflicto del campo que se ha hecho mediático estas últimas semanas se debe a cuestiones estructurales que se vienen gestando desde hace mucho tiempo.
En primer lugar, tenemos una cadena de valor injusta y poco transparente para los productores, que enfrentan precios de miseria en contraposición al coste final en el mercado. La diferencia de precio puede llegar hasta un 600%, como sucede, por ejemplo, con el brócoli, que se paga a 0,41 euros por kilo al productor, mientras que en el supermercado se vende a 2,90 euros. Esto se debe a que el 60% del negocio alimentario español está en manos de un oligopolio con capacidad de tirar los precios y tener beneficios de hasta un 1000%, solo por llevar del campo a un mostrador de supermercado una caja de tomates.
Con estos precios de origen no se llegan a cubrir los costes de producción, lo que condena a la precariedad a la gente agricultora del sector primario, y a la despoblación a comarcas y pueblos de todo el país.
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